SEMBLANCE MONSIGNOR Lwiġi VELLA (1859–1928)

DOS TESTIMONIOS

En la ciudad de Victoria, capital de la menor y norteña isla maltesa de Gozo, un encumbrado pastor inauguraba solemnemente la renovada iglesia de Santa Sabina. Era el cardenal Domingo Ferrata,[1] legado del Papa San Pío X al Congreso Eucarístico Internacional de Malta de 1913.[2] Mirando con ojos llorosos a los fieles, grandes en número y reverencia, genuflexos en la plaza exterior, daba gracias a Dios, los bendecía, y manifestaba espontáneamente a Don Luis:

⎯⎯Monseñor, es Ud. otro Padre Eymard, y fe tan grande como esta en ningún pueblo he encontrado. Non inveni tantam fidem in Israel.[3]

Don Luis, cuyo corazón puro y conciencia tranquila se traslucían en un habitual semblante sonriente y plácido, esta vez, en su humildad, lo mudó en un visible rubor ⎯⎯símbolo, otrosí, de flagrante caridad divina⎯⎯ y respondió:

⎯⎯Eminencia: todo a la gloria de Jesús Sacramentado.

NACIDO DE LA IGLESIA

En una pequeña nación insular que conoció el imperio de cartaginenses, romanos, bizantinos, árabes, coronas europeas adueñadas de Sicilia, una orden soberana religiosa y militar, y por fin Gran Bretaña; en una tierra tempranamente cristianizada por San Pablo apóstol,[4] bendecida por siglos de paz, cultura y oración, en el día de la antífona «O Sapientia»[5] del año de gracia de 1859, de Miguel Vella y María Teresa Mercieca, «gente honestísima»,[6] nacía el párvulo Luis. Fue bautizado al día siguiente y confirmado un año exacto después.

En 1864 el Papa Pío IX estableció en la isla de Gozo una diócesis nueva, independiente de la de la isla de Malta. Dos años más tarde se fundó en la capital, Victoria, un seminario dividido en «mayor» y «menor». El primero consistía en una facultad de filosofía y teología para aspirantes al sacerdocio; el segundo, en una escuela secundaria que la relegada isla de largo gemía por tener. Los jesuitas sicilianos dispersos por la expulsión garibaldiana de 1860 tomaron cargo del nuevo instituto. Con el tiempo hicieron mucho por elevar el nivel educacional en Gozo. La reputación de la escuela se extendió lejos: en ella, desde sus albores, formáronse muchos jóvenes inteligentes de la isla de Malta y hasta de Sicilia. El Seminario Mayor ganó gran prestigio, así por su seriedad y elevados cánones académicos como por el número de sacerdotes santos y celosos que formó.

El joven Alwiġi inició sus años estudiantiles a los doce años (1870) en la escuela secundaria estatal de Victoria, donde se reveló gran amigo del estudio diligente y de los sacerdotes. A los catorce años decidió abrazar el Orden Sagrado. A fines de 1877 comenzó su primer año en el Seminario Mayor de Gozo. Pocos meses después la conducción de la Nave de Pedro pasó del Papa Pío IX a León XIII, y este sentó directivas sólidas imperecederas para los estudios filosóficos, teológicos y bíblicos.

El especialísimo cuidado con que el Reverendo Padre Luis Vella se entregaría a su vocación evitando aun lo menos bueno o lo aparentemente malo, reluce en su máxima: «Para un sacerdote, no cabe ocupación fuera del altar, el púlpito y el confesonario».

San Pedro Julián Eymard guiaría en todas sus empresas a favor de la Santa Eucaristía al Padre Vella, quien en sus días solía mencionarlo en charlas privadas y sermones. La influencia espiritual que el santo francés ejerció sobre el maestro maltés durante su vida, se verificó también en el momento de su muerte.

El término que tuvieron sus estudios en el Seminario distó tanto de extenderse a su actividad intelectual, que el reverendo autor que presentamos pasó todos sus días estudiando y escribiendo.

ENGALANADO POR LA IGLESIA

Durante sus años de seminarista, Luis Vella obtuvo muchas distinciones importantes o hasta sobresalientes en varias materias, y llevó una vida ejemplar, en particular en cuanto hace a piedad, disciplina y estudio. En diciembre de 1880 fue nominado prefecto de la Congregación Mariana del Seminario de Gozo,[7] donde había hecho su profesión dos años antes. Los mismos jesuitas, conocedores de su afición al estudio, también lo conservaron como profesor de Teología Dogmática. Aprobó sus exámenes para las órdenes de portero, lector y acólito con las calificaciones máximas. Finalmente, ya diácono, pasó el examen para la orden que sella el sacerdocio: el presbiterato. Su edad inferior a la requerida hizo necesaria una dispensa romana, la cual fue concedida sin tardanza. En diciembre de 1882 Monseñor Pietro Pace, obispo de la isla maltesa principal, y antes arzobispo titular de Rodas, ordenó al diácono Vella sacerdote.

Lo mismo fue ordenarse sacerdote Don Alwiġi, que entregarse por completo al ministerio sacerdotal entre el pueblo gocitano, recorriendo aldea tras aldea para predicar sobre los temas más variados.

En 1888 se organizaban magnas fiestas en la Ciudad Eterna: las del jubileo sacerdotal del Papa León XIII. Fue la ocasión para una grandiosa exposición de regalos presentados al pontífice desde todo el orbe. Además de testimonios de respeto y apego al papado, eran respuestas a la pretensión masónica de que esta institución divina estaría muerta, sepultada, y completamente extinguida. El conde Giovanni Battista Acquaderni[8] organizó y dirigió esta exposición con la colaboración de corresponsales del mundo entero, entre los cuales el Reverendo Padre Luis Vella representaba a Malta. Concluido el magnífico evento, el Papa le otorgó, como a uno de los corresponsales más dedicados, la medalla «Pro Ecclesia et Pontifice»,[9] de oro y piedras preciosas. El conde Acquaderni mantuvo estrechos lazos filiales con el Papa Pío IX. Convencido, como San Juan Bosco, de la santidad, aun en términos canónicos, de dicho pontífice, apoyó todas las iniciativas que la recordasen ⎯⎯comenzando por la elaboración, en San Lorenzo Extramuros, de su mausoleo monumental⎯⎯. En 1889 Acquaderni hizo un llamamiento a engalanar la misma en demostración de afecto, dirigiéndose a sus corresponsales del año anterior. El Reverendo Padre Luis Vella nuevamente se hizo notar por la magnífica cosecha que logró entre sus compatriotas.

En 1890 el clérigo de quien damos referencia pasó a ser capellán del Hospital de Victoria, donde permanecería por doce años enteros, asiduo portador de doctrina y consuelo.

En 1891 el sucesor de San Juan Bosco, el beato Miguel Rúa, lo nominó Vicedirector de la rama gocitana de la Pía Unión de los Cooperadores Salesianos. Esta había sido fundada por el mismo San Juan Bosco: equivale a una Tercera Orden, y sus miembros actúan en el espíritu de la Acción Católica, afianzando las obras de la congregación. Asistió al imponente Tercer Congreso Internacional de la Pía Unión en Turín.

Años más tarde, el Padre Luis Vella implantó en su nación una rama de la «Asociación del Sagrado Corazón de Jesús en sufragio de las almas del purgatorio». Había sido fundada en la Ciudad Eterna por el Padre Victor Jouët,[10] Misionero del Corazón de Jesús, y recibió indulgencias y privilegios de parte del Papa León XIII en 1903.

En 1894 el obispo de Gozo lo nominó confesor extraordinario de las hermanas terciarias de las órdenes dominicana y franciscana.

En 1896, con ocasión de las preparaciones del Primer Congreso Internacional Antimasónico,[11] el comité gocitano nominó al Padre Vella uno de sus tres miembros.

En 1899, tras un breve examen competitivo, el santo clérigo fue nominado Canónigo Teólogo del Capítulo Catedralicio de Gozo. Su nueva función le requería explicar las Sagradas Escrituras en la catedral y discutir cuestiones sutiles en reuniones capitulares. Asumió ambas tareas con plena dedicación y sólido juicio. Con sus conferencias atestaba la catedral de atentas multitudes, y en el Capítulo recibía y resolvía las funciones más importantes y delicadas, que una vez incluyeron la de conseguir de Roma la restauración de antiguos y honrosos privilegios de dicho capítulo.

Desde 1890 el Reverendo Padre Luis Vella venía alistándose para graduarse en Teología. Ya lo habían llevado hasta el bachillerato y la licenciatura en Teología dos exámenes de Teología Dogmática rendidos en el Seminario Episcopal de Gozo ante la presencia de cuatro profesores jesuitas y con una recomendación presentada en Roma por el obispo de Gozo. Ya canónigo el Reverendo Padre Luis Vella y recomendado de su obispo, a este pastor escribió el cardenal prefecto de la Congregación de Estudios que, vistos los méritos particulares del canónigo Vella, este tenía permiso para presentarse a otro examen con el mismo obispo de asistente, más tres examinadores. Tuvo que presentar ciento ochenta y cuatro tesis, como habría sido el caso en el Centro de la Cristiandad en aquel tiempo. En 1900 la Sagrada Congregación de Estudios de Roma emitió otro rescripto donde nominó al canónigo Vella Doctor en Sacra Teología. Ya podía llevar el título de Monseñor.

En 1909 el eclesiástico profesor fue asignado a la cátedra de Teología Dogmática del Seminario de Gozo, que ocuparía por dieciocho años.

Monseñor Vella se colmó de dicha al enterarse de que el Congreso Eucarístico Internacional de 1913 tendría lugar en su propia patria, y de que el Papa enviaría como delegado al cardenal Domingo Ferrata, futuro amigo personal del gran maestro maltés de espiritualidad. El mismo año, en el patio de San Dámaso en el Vaticano, el mismo Papa San Pío X concedió una audiencia y bendición final a los participantes del Congreso Eucarístico de Sacerdotes Adoradores. ¡Qué júbilo no habrá embargado a Monseñor Vella al asistir! El santo pontífice le tenía estima particular: tanta, que lo propuso obispo auxiliar del arzobispo de Malta Pedro Pace; pero el canónigo y escritor maltés, en su profunda humildad, declinó un tal honor y mantuvo la propuesta en secreto.

El Papa Benedicto XV, sucesor de San Pío X, nominó como secretario de Estado al cardenal Ferrata, que había sido un gran benefactor de la iglesia de adoración de Santa Sabina. Monseñor Vella al punto le envió un telegrama para felicitarlo y pedirle su bendición. El cardenal respondió prontamente de puño y letra… y aquella sería la última comunicación entre ambos, pues el nuevo Secretario de Estado moriría al mes de nominado. Monseñor Vella no escatimó esfuerzos por retribuirle sus favores: lo encomió en extenso por escrito y le organizó un grandioso funeral en Santa Sabina.

En 1923 el Datario Apostólico nominó a Monseñor Luis Vella Archidiácono de la Catedral de Victoria, función que él desempeñaría con gran diligencia, convocando no menos que setenta y cuatro reuniones capitulares de las cuales presidió treinta.

En 1926, por recomendación del obispo de Gozo, el Papa Pío XI lo distinguió con la Cruz de Plata «Benemerenti».[12] En el diploma que la confiere consta el motivo:

Por el servicio singular prestado a la Fe Católica por medios dignos de ser difundidos: sus escritos y sus testimonios de deferencia para con la Sede Apostólica y el Sumo Pontífice, Vicario de Nuestro Señor Jesucristo.

ILUMINADO EN LA IGLESIA

Las publicaciones del Archidiácono Vella desafiaron las pretensiones de las doctrinas engañosas que en su tiempo iban penetrando en Malta, aunque con lentitud y retraso, desde Italia y Gran Bretaña. No estuvo en el poder de Don Luis aniquilar un mundo de ilusiones y aspiraciones abstraídas de Dios, de su Revelación y de su Iglesia, pero sí sanear mucho en ese mundo. Reacio a derrotar a sus adversarios de doctrina de manera aplastante, fue afecto a originar grandeza a partir de la pequeñez: no contento con cumplimientos mediocres, procuró celosamente la quintaesencia de lo bueno. En sus páginas Monseñor Luis Vella buscó edificar y no demoler, educar el corazón y no dañarlo, formar el carácter del hombre y no quebrarlo. En su literatura religiosa Don Luis Vella puso de resalto que la comunidad de creyentes católicos debe vivir, más que de convenciones, de convicciones; guiarse por la nobleza moral nacida de la Fe, y no por el respeto humano que condiciona mente y pies a seguir siempre el ritmo de todo lo establecido sin hacer caso de su calificación moral.

Las páginas del Reverendo Padre y más tarde Monseñor Luis Vella sobre el Santísimo Sacramento derivan su cantidad y calidad de sus horas pasadas en silenciosa adoración.

El autor se hizo cargo, con el permiso y recomendación de su obispo, de Il Propugnatore Cattolico, durante algunos años el único boletín religioso salido a la luz pública en la segunda isla maltesa. Él se valió de su posición para propagar la devoción a Nuestra Señora de Ta’ Pinu, en cuyas aras compuso bonitos poemas. Esta devoción, apenas conocida fuera de la comunidad insular maltesa, tuvo sus orígenes en 1883, cuando, cerca de una capilla antiquísima y desierta sita en la campiña gocitana y guardiana de un cuadro de la Asunción, Carmela Grima se oyó llamada a entrar allí y orar, hecho lo cual la voz le dijo: «Recita tres Avemarías en memoria de los tres días que mi cuerpo yació en el sepulcro». Carmela contó su experiencia a su amigo Francesco Portelli, quien le reveló haber oído él también una voz en la capilla ordenándole ofrecer devoción a la llaga del hombro de Cristo. Tres años después comenzaron a ocurrir milagros. El obispo de Gozo, tras varias investigaciones, concluyó el origen sobrenatural de los mensajes. La devoción creció rápidamente.[13]

Es digno de nota que las islas maltesas atesoran muchas imágenes marianas de gran valor sobrenatural, histórico o artístico. En 1400, cuando un cazador noble de Mdina ⎯⎯la capital maltesa primigenia⎯⎯ se retiraba a descansar en una gruta, vio allí a la Santa Virgen en la figura de una dama elegantísima con un niño semejante al sol en su regazo. El lugar se convirtió en foco de milagros. Actualmente una bellísima estatua de alabastro perpetúa en el recuerdo la milagrosa aparición: es una de las diez imágenes marianas maltesas coronadas por el Capítulo Vaticano. La última fue la Virgen de Caraffa en 1954.

El clérigo aquí sucintamente presentado continuó su apostolado con otro boletín, Il Messagiere di Maria.[14] En 1887 inició la publicación del boletín Id-Devot ta’ Marija,[15] que alcanzaría distribución internacional. Abandonada la lengua italiana, compuso exclusivamente en la suya natal. Su humildad, que no veía importancia grande y menos universal en sus escritos, trajo dificultades a los católicos ajenos a este idioma.

Monseñor Vella fue un fiel y servicial amigo del venerable Bartolo Longo, y promovió en las islas maltesas todo cuanto se relacionase con el santuario de Nuestra Señora Reina del Rosario de Nueva Pompeya. El Sr. Longo le regaló a Don Alwiġi una imagen para una fachada del vecindario de Santa Sabina; también le encomendó la distribución de sus escritos y la propagación de sus obras en las islas maltesas. Y el propio padre Vella inscribió a muchos fieles gocitanos en la Pía Unión para los Agonizantes bajo el Patrocinio de San José, fundada por su santo amigo en Pompeya y muy querida del Papa León XIII. Lo mismo que con los sucesos de Pompeya, así el Reverendo autor que nos ocupa daba parte regularmente de los de Lourdes.

En su eterno desvelo por difundir la devoción a la Santísima Virgen bajo cualquier manifestación, el Reverendo Padre Luis Vella también dio gran importancia a las apariciones marianas de La Salette, y publicó muchos artículos al respecto en Id-Devot ta’ Marija.

En su rango de director de dicho boletín, también publicó varias novelas hagiográficas que se destacarían como hitos en la literatura maltesa. El idioma maltés tiene en el Reverendo Padre Luis Vella uno de los primeros y más prolíficos autores, y ciertamente el primer maestro de doctrina espiritual.

En 1908 sacó a luz el boletín religioso mensual «L‑Ewkaristija ⎯⎯ Ħabbar ta’ Ġesù Sagramentat»[16] («La Eucaristía ⎯⎯ Heraldo de Jesús Sacramentado»). Expresáronse muy favorablemente sobre él cuatro obispos malteses. Desde el primer ejemplar, el talentoso y reflexivo editor se embarcó en largas disertaciones entregadas por partes. He aquí sus títulos traducidos:

El Rey de todo; El Amor y la Eucaristía; María y la Eucaristía; Sin la Eucaristía; La Santa Comunión; La Vida de Jesús en la Eucaristía; Alegorías de la Eucaristía; Delante del Sagrario; La Reverencia a Jesús en el Santísimo Sacramento; El Gran Sacramento de la Nueva Ley.

En el mismo periódico, el Reverendo Padre Luis Vella también nos dejó varias biografías de santos personajes y no menos de ochenta y ocho poemas impactantes por su sabiduría, elegancia y encanto.

Entre sus biografiados están Santa Teresita de Lisieux, San Pedro Julián Eymard y Santa Gemma Galgani. Además, dos niños que ⎯⎯cumpliendo la expectativa del Papa San Pío X⎯⎯ se santificaron precozmente por su devoción eucarística: Gustavo María Brani y Emma Mariani. Otrosí, un humilde laico belga portentoso en devoción al Santísimo Sacramento: Juan Ricoux. A estos sujetos de biografías de Monseñor Vella súmase un poderoso aristócrata sirio, ‘Abd Allah ‘Ashrif,[17] convertido al cristianismo y martirizado, que imprimió tres dedos en un mármol de Damasco como prueba milagrosa de la Santísima Trinidad.

La edición del boletín L‑Ewkaristija fue continuada por Mons. Pawl Cauchi, el sucesor de Monseñor Vella en la rectoría de Santa Sabina en Victoria tras la muerte de este en 1928, manteniendo un alto nivel espiritual hasta su triste cesación en 1940 cuya razón ignoramos. Durante los años que dirigió dicha publicación, Don Cauchi sacó a luz nuevas horas de adoración divididas en cuartos, a ejemplo de su predecesor. Este piadoso clérigo vería este mundo hasta el año 1980.

En 1892 comenzó a editar los libros de la colección La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, basados en gran parte en los Pensieri ed affetti sopra la Passione di Gesù Cristo per ogni giorno dell’anno, del capuchino Fray Gaetano Maria Da Bergamo, publicados en Parma en 1766. Son doce libros correspondientes a los meses del año, con meditaciones diarias. Esta traducción monumental fue muy bien recibida en privado y en público; completarla llevó un quinquenio al Reverendo Padre Vella. Y sonó su feliz hora de iniciar su obra maestra sublime, genial, y única en la literatura devocional eucarística católica: El alma cristiana ante Jesús Sacramentado. En 1900 fue publicado por partes el tomo I, el II apareció en 1910 y el III en 1917. Este último contempla la Pasión de Nuestro Señor tal como la Humanidad, y especialmente la Cristiandad decaída y enfriada, la renueva en la Eucaristía.

En su introducción a la edición maltesa de 1960, Monseñor Antonio Gauci, sobrino nieto del autor, hace estos acertados comentarios:

A la lectura de estas páginas de increíble belleza, es forzoso atribuir a Mons. Luis Vella una asistencia especial del Cielo. Solo un alma pura, humilde y santa como la suya pudo tener aquellos arranques de amor nobilísimo y sobrenatural a nuestro Redentor divino, «Prisionero del Amor»; solo un alma bien saciada de la eucarística Fuente pudo darnos tales tesoros de vida espiritual cuales aparecen en cada página de las Horas de Adoración. […] Los dictámenes, advertencias y consejos que Jesús Sacramentado da al alma postrada delante de su altar, son reservas enteras de sabiduría divina que ningún hombre, por sabio que fuese, podría producir librado a sus talentos. Léase tan solo uno de los coloquios entre Jesús y el alma, y a las pocas líneas se advertirá allí algo absolutamente misterioso y místico impreso en la mente y el corazón del escritor.

Aparte de dicha obra maestra, Monseñor Vella escribió varios opúsculos devocionales: coronillas de «oraciones y alabanzas» a cuatro agustinianos: Santo Tomás de Villanueva, San Nicolás de Tolentino, Santa Rita de Casia y el Beato Esteban Bellesini. Más tarde escribió una coronilla en honor de San Tarcisio, protector de los «Pequeños Pajes». Su folleto Vía Crucis con Jesús Sacramentado, incluido en español al final de este volumen, fue publicado en 1904. El gran escritor católico produjo además muchos libros y cuantiosos artículos en maltés donde tematizó misterios de la Fe, vidas de santos y de personajes de vida ejemplar, así como sucesos históricos de la isla de Gozo. Sus obras están impregnadas de vivacidad, unción y profundidad.[18]

Nuestro patrono dedicó mucha actividad, prédica y tinta a la exaltación del papado y a la propagación de las doctrinas y devociones de los Pontífices que reinaron durante su vida. Hacia fines del siglo XIX, la Masonería estaba bastante activa en Italia como para acosar gravemente a la Santa Iglesia. Extendida por casi toda Europa, América y el Imperio Británico, también contaba con logias en las islas maltesas, como era de temer. La Iglesia maltesa no se cansaba de vigilar y advertir contra ese peligro, y sus declaraciones oficiales contaban con el apoyo de boletines religiosos como los que publicaba Monseñor Vella. Ansioso por defender al Papa y a la Iglesia en su brega contra las sociedades secretas, durante muchos años él informó a sus lectores acerca de varias inicuas campañas anticatólicas lanzadas por la Masonería en política, legislación y cultura.

Sucesor San Pío X de León XIII en la cátedra de San Pedro, Monseñor Luis Vella celebró el jubileo sacerdotal del nuevo Papa con un día de adoración solemne en la iglesia de Santa Sabina «por las necesidades del Papa, Padre de todos los cristianos y gran devoto del Santísimo Sacramento». Nuestro gran teólogo y literato maltés fue entusiasta propagador de las concesiones generosas y atractivas hechas por el Papa San Pío X respecto de la Santa Eucaristía, las cuales sacudieron siglos de restricciones de mentalidad jansenista y pueden resumirse en las palabras siguientes:

Este deseo de Jesucristo y de la Iglesia, de que se practique la comunión diaria, tiene por objeto el que, unidos a Dios por el Sacramento, los cristianos encuentren fuerzas para refrenar las pasiones malas, que laven las pequeñas faltas que se cometen todos los días, y que estén preparados contra los pecados graves que amenazan la fragilidad humana; este deseo no persigue principalmente rendir honor y gloria a Dios, ni tampoco busca cómo otorgar un premio a las virtudes de quienes comulgan. [19]

Monseñor Vella también mantuvo a sus lectores informados de la vida y carrera del Papa Benedicto XV, de cuyas indulgencias adjuntas a la recitación interior de la jaculatoria: «Sea alabado y reverenciado en todo momento el Santísimo y Divinísimo Sacramento» fue un fiel propagador. Reinando dicho Papa, escribió una «Protesta de Reparación» para los Guardias de Honor de Jesús Sacramentado. Ocasión de ello fue la institución por parte de la Masonería de la titulada «Asociación de los Enemigos de Dios» en Livorno, Italia.

Monseñor Vella hubo de vérselas de modo personal y directo con el maligno. Constan dos episodios en que el enemigo del género humano quiso estorbar a este gran celador de almas. Una vez se le apareció visiblemente mientras en Confesión amonestaba contra el robo y, para confundirlo, le echó en cara haber «robado» una vez un cacahuete a su madre. Otra vez le apagó la lámpara de queroseno que alumbraba el escritorio.

En sus funciones de confesor y de escritor, Monseñor Vella había obrado grandísimo bien.

MOVILIZADO POR LA IGLESIA

Ya en su época de simple clérigo secular, el Reverendo Padre Luis Vella fue un promotor incansable de todo cuanto se relacionase con la gloria de Dios y la edificación de las almas, para lo cual no se restringió a los planos inmateriales y contemplativos, sino que también, en el plano material, se tomó muy a pecho la iglesia de Santa Sabina en Victoria. La misma había tenido importancia histórica en Gozo: sus orígenes se remontan a 1100, bajo dominio musulmán, y durante siglos sirvió de parroquia para media isla. En 1502 fue reedificada por primera vez. En 1901 el Capítulo Catedralicio encargó al ya Monseñor Luis Vella otra reconstrucción, que él asumiría de mil amores, así como el cargo de primer rector de dicha iglesia. Dirigió importantes obras para añadirle suntuosidad con la contribución de muchas eminencias religiosas y laicas nacionales y extranjeras.

Bregando por establecer la adoración perpetua[20] en Santa Sabina, Monseñor Vella debió enfrentar obstáculos de lo más desalentadores y repetidos. El permiso canónico para adoración perpetua solo regía para iglesias sacramentales, y solo podían serlo las parroquiales, viceparroquiales y de órdenes religiosas por una ordenanza del Papa León XIII que el obispo de Gozo recordó a nuestro patrono. Santa Sabina estaba fuera de dichas categorías. ¡Monseñor Vella lo supo tras tantos esfuerzos por embellecer aquel templo solo para que allí hubiese adoración perpetua! Pero no perdió el aliento. Ante todo, tenía inmensa confianza en Jesús, y pudo decir, entre Él y sí mismo:

Si Jesús quiere que en esta iglesia se Lo adore en la Eucaristía, bastantes medios tiene de elevarla a sacramental, pues nadie es su superior.

Viajó a la isla maltesa principal para entrevistarse con el arzobispo, con quien tenía lazos de amistad, pero este no pudo darle ninguna ayuda. Sin perder el ánimo, Monseñor Vella recurrió a una estratagema: ir a Roma con una recomendación escrita de su obispo, aunque esta ⎯⎯como él sabía⎯⎯ no podía incluir el pedido de que Santa Sabina fuese iglesia sacramental. ¿Cómo resolvió su gran problema? Él mismo lo relata: consiguió de manos del obispo una fórmula donde este aprobaba por escrito la construcción del templo y el proyecto de allí establecer la Sociedad de Adoración Perpetua. Y en 1902 en la Ciudad Eterna visitó a los sacramentinos de San Pedro Julián Eymard, quienes, si gustosos le dieron apoyo, esperanza no supieron darle ninguna. ¿Estaría todo perdido para nuestro tan magno apólogo de la Eucaristía? No, por cierto: entró a la iglesia sacramentina romana, postróse ante Jesús expuesto, y Le dijo:

Mi Esperanza restante eres Tú solo. Todos me dicen: imposible. ¿Dícesmelo tú también? Si quieres, puedes. Todo está en tus manos. Ilumíname, pues, sobre la manera como yo haya de obrar. No me dejes irme de Roma sin esta gracia que deseo.

En la gran metrópoli preguntó cuál congregación de la Santa Sede hacía sacramental una iglesia. Hallándola entre aquellas cuyo prefecto era el cardenal Domingo Ferrata, a él acudió a exponerle su caso. La primera respuesta del cardenal fue: «Imposible». Pero Monseñor Vella insistió frontalmente:

Yo espero primeramente en Jesús Sacramentado, y después en la prudencia y bondad de Vuestra Eminencia para que halle el modo de contentarme.

El cardenal se entregó a una breve reflexión y el canónigo teólogo a una plegaria secreta a su eucarístico Bienamado. Entonces, el purpurado le preguntó si su obispo consentía en que la iglesia se hiciese sacramental y si tenía algún escrito de él. Ahí Monseñor Vella le presentó el documento que llevaba, y el cardenal le dijo:

Todo en orden. Ahora le indicaré cómo proceder, lo cual queda entre nosotros. Cuide que nadie se entere.

Indicado el paso a seguir, añadió:

Hecho esto, deje lo restante en mis manos. Yo mismo, para que nadie interfiera, le haré llegar el rescripto por correo a Gozo.

De regreso a su isla natal, Monseñor Vella se encontró con el rescripto. Santa Sabina podía ser iglesia sacramental. El paso que el cardenal le dio a seguir a tan gran autor de tan grande obra, es un secreto que él se llevó a la tumba.

En la iglesia embellecida y consagrada, Monseñor Vella estableció, aprobada de su obispo, la Agregación del Santísimo Sacramento y de la Guardia de Honor, que se entendía como una afiliación espiritual con los sacramentinos de San Pedro Julián Eymard. Con el tiempo, llegó a haber guardias de honor en las familias más conocidas de toda Victoria, así como en las aldeas más apartadas de Gozo, isla todavía muy precaria en caminos y en medios de locomoción. También reunía él en Santa Sabina niños, jóvenes y hombres para inculcarles ⎯⎯a veces desde lo más elemental⎯⎯ el conocimiento y la práctica de la Santa Religión, dando prueba de su singular amor y devoción por Jesús Sacramentado.

Con el objeto de afianzar siempre más la devoción eucarística en su tierra, Monseñor Vella consiguió de su obispo la aprobación de la Sociedad de Adoración Cotidiana Universal y Perpetua. Estaba asociada a la primaria, sita en Turín y favorecida por el Papa San Pío X con muchas y grandes indulgencias. Comenzó su propagación en las islas maltesas, a la que Monseñor Vella enseguida imprimió mayor impulso editando el boletín mensual maltés que referimos más arriba.

Entre los méritos de Monseñor Vella, no pueden pasar sin mención sus iniciativas por fundar y fomentar varias congregaciones destinadas a la devoción al Santísimo Sacramento. Destacóse por su genial originalidad la Congregación de los Pequeños Pajes de Honor de Jesús Sacramentado destinada a inculcar a la tierna edad, de manera metódica, la reverencia y el amor al Magno Misterio que guarda el Altar. Podían inscribirse niños desde nacidos hasta cumplidos quince años. Al primer despertar de la razón se requería a aquellos niños una visita diaria de cinco minutos al Santísimo Sacramento, si no en una iglesia, al menos en su casa. Para que los pequeños pajes pudiesen ganar las indulgencias que el Papa San Pío X había otorgado a la sociedad homónima en Italia (hoy extinta), Don Vella la asoció a esta. En menos de un año y medio extendióse la congregación por varias aldeas de Gozo y Malta. El mismo prelado compuso himnos en maltés para que en honor del Santísimo Sacramento dos coros infantiles alternados los cantasen. Dichos cánticos rimados impresionan profundamente por la belleza, dulzura y unción que dimanan.

En el mismo templo, quien fue su alma estableció la Hora Santa tal como el mismo Jesús se la había pedido a Santa Margarita Alacoque pidiéndole pasar, todas las noches entre jueves y viernes, una hora de meditación sobre su agonía en el huerto de Getsemaní. Esta práctica se hizo universal en la Iglesia y fue enriquecida con una indulgencia plenaria.

Otras fundaciones de Monseñor Vella en Santa Sabina fueron la Sociedad de las Almas del Purgatorio, la Sociedad de San José para las necesidades de los agonizantes y para la obtención de la gracia del Bautismo para todos los niños y, no en último lugar, una asociación especial de adoración nocturna,[21] como la había en Italia. Lo consiguió en 1913 con aprobación del obispo. Tuvo setenta y dos guardias por noche, es decir, ocho por hora. Le quedaba por crear una rama maltesa de las Esclavas del Santísimo Sacramento fundadas por San Pedro Julián Eymard y Sor Margarita Guillot, pero un tal proyecto no pudo realizarse.

CONSUMIDO POR LA IGLESIA

A principios de diciembre de 1925, este astro del clero maltés sufrió una desmejora de su salud que, si bien pasajera, lo apartó definitivamente de las sesiones capitulares. La última de ellas le había deparado amarguras y tensiones por una protesta del obispo de Gozo contra supuestos abusos disciplinarios del clero de la diócesis. Ya el año anterior, en el Capítulo, Monseñor Vella había tenido que vérselas con otra protesta, aunque sin repercusiones directas para él, dirigida contra declaraciones públicas por las que Lord Strickland se negaba a reconocer los títulos pontificios. Tampoco ahí habían comenzado los tumultos capitulares. Años antes, el mismo había expresado desaprobación por la elección del arcipreste Monseñor Alfonso Hili, secretario del obispo de Gozo, como representante de ese territorio en la Asamblea Legislativa de Malta.

Mucho debieron tales fricciones desazonar a Monseñor Vella. En su nueva investidura como archidiácono y presidente del Capítulo, por momentos sufrió graves restricciones a su libertad, especialmente por su obligación de defender los derechos del Capítulo o las mismas disposiciones del Derecho Canónico. Esto lo privó de la gracia de algunas personas, lo cual no puede dudarse que le resultase fuente de desasosiego. Por un lado pesaba la conciencia, que no le permitía dejar libre curso a cualquier capricho; por otro lado en todos los rangos pesaban hombres no siempre dispuestos a ajustarse a ordenanzas y leyes. Cuando un caballero recto de juicio y delicado de conciencia es responsable por el bien de su entorno, puede enfrentar situaciones incómodas o hasta atormentadoras, por poco que en ellas esté implicado y por lejanamente que las conozca.

Tras la enfermedad de 1925, Monseñor Vella dejó de asistir a las sesiones capitulares. Siguió dando cátedra en el Seminario y en la iglesia de Santa Sabina, y editando L‑Ewkaristija.[22]

En julio de 1928, convaleciente en su casa del puerto gocitano de Marsalforn, sufrió un severo ataque, y se apercibió de que la compleción de su vida era inminente. A pedido suyo, sus parientes lo llevaron con rapidez de aquella localidad alejada, y a la sazón desprovista de varias amenidades y comodidades, a Victoria. En su ciudad natal lo podían visitar con mucho mayor facilidad sus parientes y sus amigos sacerdotes; y ⎯⎯importantísimo para él⎯⎯ estaba al lado de Santa Sabina, su propia iglesia y la Casa de Jesús Sacramentado.

Enérgico y brioso, Monseñor Vella no parecía próximo a su última hora. Pero sabía dónde estaba. Enteramente ceñido a la voluntad de Dios, no hacía más que repetir la palabra «fiat»,[23] a tenor de su arraigada costumbre. El Capítulo Catedralicio acudió a su lecho a administrarle solemnemente el Santo Viático que él, con más de una hora de preparación, recibió devoto y ferviente. Aunque los médicos esperaban una muerte leve y rápida, Monseñor Vella permaneció vivo por tres días enteros tras el ataque. Mostró admirable resignación y extraordinaria calma. Su mente permaneció despejada hasta el fin. Durante sus últimos momentos vio al mismo Jesucristo junto con San Pedro Julián Eymard. Postrado en su lecho de muerte, el héroe eucarístico gocitano podía oír y ver repetidamente a su patrono, y solicitó a sus sobrinos presentes en el cuarto que le trajesen una silla. Así habló en pleno uso de sus facultades mentales. Los testigos dieron fe de que el santo sacerdote hablaba y razonaba sin la menor alteración, bien articulados sus rezos.

Pocas horas después, sereno en la muerte como invariablemente lo había estado en la vida, llamó a su lado a siete sacerdotes presentes, los abrazó uno por uno, y los bendijo en el nombre de Dios. Esta bella escena nos trae reminiscencias de aquellos antiguos patriarcas que bendecían a su progenie desde el lecho mortuorio como prenda de eterna alianza y amor. Luego pidió una imagen de San Pedro Julián Eymard, la contempló sonriente y le dio un afectuoso beso.

Confirmado, por fin, en sus cualidades virtuosas por la bendición del obispo de Gozo, Monseñor Miguel Gonzi, dormía nuestro admirado maestro el sueño de los justos abrazando un crucifijo. Era el 17 de julio de 1928.

INMORTALIZADO EN LA IGLESIA

Al tercer tañido de la gran campana del Capítulo para anunciar la defunción de su presidente, la gente exclamaba con una sola voz: «¡Ha muerto Monseñor Vella, santo varón, sacerdote ejemplar! ¡Ha pasado de este mundo un hombre justo! ¡Ha fallecido un caballero que jamás hizo daño a nadie!». Calurosa recompensa recibió de las aldeas diocesanas, que espontáneamente hicieron repicar alto sus campanas en luto. Su santa alma tuvo un funeral espléndido, donde tomó parte el Capítulo, el clero secular y regular, el obispo por medio de su representante, las comunidades religiosas femeninas, y muchos más, con una gran multitud llorosa y ansiosa de verlo por última vez.

Este príncipe del sacerdocio gocitano había oficiado misas por más de cuarenta y seis años. Fue un confesor muy requerido y asiduo por cuatro décadas. Por cuanto hace a la dirección de almas, era afable en extremo. Varón de sabiduría, discernimiento y bondad, pasó sus días trabajando por Dios y por Malta. Omnibus omnia factus,[24] nuestro Padre fue un sobresaliente predicador que, con palabras mesuradas y claras, doctrina firme, edificación, y convicción, arrastraba multitudes dondequiera que llevase la palabra de salvación para gran ventaja de las almas.

En 1932 fue abierta la tumba de Monseñor Vella para el entierro de su hermana Angela tres años y ocho meses tras su muerte. ¡Era de verse cuán animados se pusieron los pobladores de Victoria al correr el rumor de que este admirado y querido padre iba a ser desenterrado y expuesto! Centenares de fieles se encaminaron a la catedral para manifestar su devoción al santo sacerdote. La mayoría simplemente lo contemplaba; estos intentaban y conseguían quitarle una uña o cortar una porción de sus vestiduras; aquellos ponían rosarios y otros objetos en contacto con él. Sus restos mortales estaban bastante bien conservados para que pocas semanas después se escribiese el siguiente informe:

Constatan que Mons. Vella (aun enterrado en una lápida muy húmeda, pues daba al Norte) todavía estaba igual, excepto por la rotura de la punta de la nariz. Lo que más es, hay quien le tocó la cara y la notó blanda y floja. Su ojo derecho todavía estaba brillante, y su rostro sonriente. Con lo dicho nos abstenemos de afirmar nada, así como de darle mayor importancia que la propia de un hecho humano, un suceso histórico, ateniéndonos a todo cuanto exige el Papa Urbano VIII en su decreto.[25] Ascendidos a la catedral, nos encontramos con que ya se lo había enterrado, como no pudiésemos subir antes en razón de nuestro oficio. Pero lo vio una multitud (que subió con ese propósito) y tres sacerdotes. Muchos fueron los que devotamente tocaron coronas con sus manos.[26]

En el ejemplar de febrero de 1930 de Ġesù Ewkaristija, el Reverendo Pawl Cauchi comenzó a recoger informes de gracias recibidas por la intercesión de Monseñor Luis Vella. Desde entonces hasta 1940 constan como mínimo trescientos casos de favores alcanzados tras su invocación, algunos en el extranjero: Estados Unidos, Australia y Túnez. En muchos casos se indica la naturaleza de la merced obtenida e incluso el nombre del beneficiario. Constan gracias de curación, y de otros tipos. En 1940 cesó la publicación de Ġesù Ewkaristija, y en las largas décadas sucesivas permanecieron obscuros cualesquier nuevos beneficios recibidos por la intercesión del fundador de dicho boletín.

Entre las posesiones de Monseñor Vella se halló un cilicio: una cuerda con muchos nudos y puntas punzantes.

Su testamento, redactado en italiano, incluye la cláusula siguiente:

Y en primer lugar encomiendo mi alma al misericordioso Dios, a Jesús en su Sacramento de la Caridad, mi Vida y mi Todo, a la Bienaventurada Virgen María, dilecta Madre suya y mía, a su castísimo Esposo San José, a mi santo onomástico, Luis Gonzaga, y a mi caro Ángel Custodio.

Monseñor Luis Vella fue un faro aislado que emitía fulgores inigualados de fe y contemplación durante décadas. No tuvo maestro directo ni inmediato. Tampoco tuvo discípulos explícitos y notorios, y en su propio país e idioma su magnífica y genial obra yace en un triste olvido.

  1. Cardenal Domingo Ferrata (1847–1914). Estudiante brillantísimo desde su adolescencia y canónigo a los dieciséis años, en su vida recibió importantes designaciones doctorales y administrativas de la Santa Sede, entre ellas, en la joven Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios, poco conocida y casi secreta, que atendía a todos los asuntos más delicados tocantes a las relaciones de la Santa Sede con los gobiernos extranjeros. Desempeñó importantes funciones diplomáticas tendientes a resolver o atenuar situaciones anticlericales en Suiza, Bélgica y Francia: en este país también logró unificar la acción del episcopado. Como el Papa San Pío X en 1908 decidiese reformar la Curia, confió la organización de la nueva Congregación de la Disciplina de los Sacramentos a Ferrata, que en ese marco tuvo parte importante en la preparación del Decreto de 1910 sobre la comunión de los niños. En 1914 asumió también el cargo de Secretario del Santo Oficio, particularmente relevante en aquellos años agitados por las controversias sobre el modernismo; finalmente tomó parte muy activa en la elaboración del nuevo Código de Derecho Canónico. Ese mismo año fue enviado a Malta como Legado Apostólico, para allí presidir el Congreso Eucarístico Internacional, durante el cual se encontró con Mons. Luis Vella ⎯⎯a quien llamó «segundo Padre Eymard»⎯⎯ y pronunció un importante discurso rico en repercusiones. No bien elegido en aquel mismo 1914, el Papa Benedicto XV lo designó secretario de Estado, puesto que ocuparía por pocos meses antes de morir. Quienes lo conocieron dieron testimonio común de su modo encantador. 
  2. Congreso Eucarístico Internacional de Malta de 1913. Los congresos eucarísticos se organizan para honrar a Jesucristo en la Eucaristía con conferencias, celebraciones y devociones varias. El primero internacional se celebró en 1881 en Lille, Francia. Abierto el de Malta en 1913, no bien pisase tierra firme el legado pontificio, cardenal Ferrata, se sintió expandirse una conmoción por el hálito caliente de la multitud entusiasta que, con el obispo y todo el clero, marchó en procesión a dar los primeros homenajes y a acompañar en forma solemnísima al legado pontificio, brillando y conmoviendo suprema la fe. Toda la isla se convirtió en un vasto templo para celebrar la gloria de Dios y realizar funciones religiosas especiales. Muchísimos coincidieron en que desde el punto de vista religioso y de la participación popular, el maltés fue el principal congreso eucarístico. Fue impactante por su publicidad demostrada en sus funciones religiosas, a cual más hermosa y devota, así como en numerosas comuniones y adoraciones tanto diurnas como nocturnas. Su triunfo máximo brilló en las calles de Malta, por las plazas, al aire libre. Allí Jesucristo reinó realmente sobre todos y sobre todo: aparecióse de verdad, por modo manifiesto y glorioso, como el Rey, el Soberano verdadero del pueblo. 
  3. Non inveni tantam fidem in Israel: «No he hallado tanta fe en Israel». Referencia a las palabras del divino Maestro de Mateo 8,10. 
  4. Ver Hechos de los apóstoles desde 27,41 hasta 28,10. 
  5. «O Sapientia»: «Oh Sabiduría». Las siete Antífonas llamadas «de la O», rezadas del 17 al 23 de diciembre, son llamados apremiantes de la Iglesia al Niño Jesús. Empiezan todas con un título o nombre distinto, tomado de la Biblia y aplicado al Salvador, a saber: «SabiduríaAdonai (Señor); Raíz (de Jesé); Llave (de David); OrienteReyEmmanuel (Dios con nosotros)». El título contenido en la antífona del día natal de nuestro maestro, está impreso también en su nombre. En efecto, «Alwiġi» se deriva del latín «Aloysius», y este del antiguo germánico «Alwis», que significa todo sabio (Cf. inglés all-wise). 
  6. Luis Cordina, Recuerdo glorioso y útil de Mons. Luis Vella D.D. En maltés. Valletta, 1928. 
  7. Congregación Mariana. Instituida en 1584 en el Colegio Jesuita de Roma para fomentar entre sus mejores estudiantes la devoción a la Santísima Virgen y el apostolado recíproco. Tiene sus propias reglas que dictan una espiritualidad disciplinada a la vez que generosa, y se extendió por todo el mundo. El Papa Pío XII no le escatimó encomios en su carta apostólica «Bis Sæculari Die», donde señala al «brillantísimo escuadrón de congregados marianos para quienes la misma Santa Madre Iglesia decretó las supremas honras de los altares, con cuya gloria se ilustra no solo la Compañía de Jesús, sino el propio clero secular y no pocas familias religiosas, puesto que de las Congregaciones Marianas salieron diez fundadores y patriarcas de nuevas órdenes y congregaciones religiosas». 
  8. Conde Giovanni Battista Acquaderni. Gran figura del movimiento católico italiano en aquellos tiempos, en virtud de las obras de caridad y de cultura que promovió. En 1867, con Mario Fani, dio vida a la Sociedad de la Juventud Católica Italiana, primer núcleo de la Acción Católica Italiana. El Papa Pío IX aprobó al año siguiente su constitución. Fue muy apreciado por los Papas Pío IX, León XIII, San Pío X y Benedicto XV. 
  9. Medalla «Pro Ecclesia et Pontifice» (por la Iglesia y el Pontífice). Condecoración, en forma de medalla de plata, instituida por el propio Papa León XIII con ocasión de sus bodas de oro sacerdotales en 1888. Confiérese a personas que han prestado algún servicio excepcional a la Iglesia. 
  10. Padre Victor Jouët. Celosísimo devoto de las almas del purgatorio. Una notable obra suya fue el Museo del Purgatorio, que creó en una capilla gótica en Roma, y que reúne varios objetos, recogidos de distintos lugares de Europa, donde se ven señales sobrenaturales dejadas por almas del purgatorio. 
  11. En 1738, el Papa Clemente XII ya había condenado la Masonería con la bula «In eminenti». Varios Papas posteriores siguieron su línea con bulas adicionales: Benedicto XIV («Providas», 1751), Pío VII («Ecclesia», 1821), León XII («Quo graviora», 1825), Gregorio XVI («Mirari vos», 1837), Pío IX («Multiplices inter», 1865) y León XIII («Humanum genus», 1884). 
  12. Cruz de plata «Benemerenti» (beneméritos). Condecoración instituida por el Papa Pío VII como medalla de mérito en tres clases: oro, plata y bronce. Otórgase por recomendación de párrocos u obispos, y significa, más que una recompensa, un reconocimiento del servicio ejemplar que la persona prestó a la Iglesia, presentado para la emulación de los fieles. 
  13. En 1932 inauguróse una magnífica iglesia en estilo románico, más tarde elevada a la dignidad de basílica menor por el Papa Pío XI. La imagen milagrosa fue coronada por el legado papal. 
  14. Il Messagiere di Maria (El mensajero de María). Inicialmente Mons. Luis Vella escribió en italiano, la lengua principal de la cultura, educación y prédica religiosa en Malta desde la llegada de los Caballeros de San Juan en 1530, y la lengua en la cual habían escrito numerosos literatos malteses de renombre internacional. Más tarde el autor adoptó su propio idioma natal, de uso popular e informal en Malta, oriundo del árabe introducido en 870 y, desde algún punto posterior a la europeización político-cultural de la isla en 1091, crecientemente italianizado, hasta en la mitad de su léxico, formándose un nuevo idioma. Hubo poquísima literatura maltesa antes de nacer Mons. Luis Vella, aunque ya había aparecido el primer poeta maltés importante, Giovanni Antonio Vassallo (1817–1868). Solo en un tiempo posterior al autor, el inglés adquirió en Malta preponderancia sobre el italiano como lengua culta e introdujo numerosos préstamos lingüísticos en el maltés. 
  15. Id-Devot ta’ Marija: El devoto de María. 
  16. L‑Ewkaristija ⎯⎯ Ħabbar ta’ Ġesù Sagramentat: La Eucaristía ⎯⎯ Heraldo de Jesús Sacramentado. 
  17. Los datos de este personaje histórico constan en el libro Viaggio di cinque anni in Asia, Africa, ed Europa del Turco, escrito por Don Juan Bautista de Burgos, Abad Clarense y Vicario Apostólico para los Sumos Pontífices Clemente X e Inocencio XI en Irlanda y publicado en Milán en 1686. Su martirio ocurrido en 1585 fue según registran varias comunidades y regiones del Próximo Oriente, pero el dato parece perdido. 
  18. Por desgracia, han caído en un profundo abandono en su propio país, y no han sido conocidas ni aprovechadas en lenguas extranjeras por un siglo. 
  19. Decreto sobre la Comunión Diaria, 1905. Actæ Apostolicæ Sedis 38,401. 
  20. La adoración perpetua, practicada en todo día de la semana y en toda hora del día, nació de una luz particular recibida por un laico, el Duque de Ventadour. Asociados a él, los Padres Philippe de Angoumois, Suffren y Condren, pusieron manos a la obra a fines del año 1629. El objetivo era claro: «honrar y hacer honrar por doquier el Santísimo Sacramento del Altar y procurar en todo tiempo y lugar que se Le rinda, por todos los medios posibles, todo el culto, el honor y la reverencia que son debidos a su divina majestad». 
  21. La obra de la adoración nocturna comenzó en 1538 en Roma en la iglesia de Santa María Sopra Minerva, a incitación de padres dominicos. Fue reconocida oficialmente en 1592. 
  22. L‑Ewkaristija: La Eucaristía. 
  23. Fiat: hágase (con referencia a la voluntad de Dios). 
  24. Omnibus omnia factus (1Cor 9,22): hecho todo para todos. 
  25. En su bula «In eminenti», fechada el 30 de octubre de 1625, el Papa Urbano VIII prohibió imprimir cualesquier hechos supuestamente milagrosos, aun verosímiles, no reconocidos por la autoridad de la Iglesia Católica. 
  26. Redactado por Mons. Pawlu Cauchi, sucesor de Mons. Luis Vella en la iglesia de Santa Sabina. «Gesù Ewkaristija», 1932, p. 62.